No puedes ser tan rígido con las normas sanitarias

Y no me refiero a no cumplirlas, sino a que no puedes ser un policía estricto en tu negocio en el cumplimiento de los protocolos de seguridad.

En estos días de semi-confinamiento ya he observado varios casos de dependientes o cajeras/cajeros de supermercado que riñen de alguna manera a sus clientes por no poner el carro de una determinada manera al ir a pagar o acercarse demasiado a un mostrador.

Antes de reprender a nuestro cliente, siempre tienes que tener presente dos cosas: 1.- éste nos ha elegido entre toooodos los negocios parecidos al tuyo. 2.- la educación y las formas deben primar ante cualquier circunstancia.

Son situaciones nuevas, desconocidas para mucha gente, y aunque puede haber casos en los que haya mala fe (intentar colarse o cierto pasotismo con las normas), la inmensa mayoría comete una “infracción” -por llamarlo de alguna manera- por inercia o porque no están pendientes de ellas, sin ser conscientes de su acción.

Seguro que has ido alguna vez a un organismo público y algún guardia de seguridad o un funcionario con cara de vinagre te ha increpado con un “¿no ha leído ese cartel?” ó “no pase de la línea azul bajo ningún concepto”. Aunque es verdad que cada vez el trato es mejor en la mayoría de las administraciones públicas, esas situaciones de tener que callarte y tragar con lo que te digan sólo pasa en esos sitios que tienes que ir quieras o no.

Pero tu comercio, tu negocio, seguro que no es el único del mercado. Lo normal es que haya mucha competencia que realice los servicios parecidos o venda artículos cómo tu. ¿En serio vas a perder un cliente por reñirle al colocar los objetos en el mostrador o en la caja? Y lo que es más importante, ¿vas a permitir que hable mal de ti a todos sus conocidos y familiares porque te has comportado de forma grosera o estricta con él?

En lugar del reproche, aprovecha la situación para de forma didáctica explicarle a tu cliente el porqué de esa norma, y cómo debería hacerlo en otras ocasiones. Cuando le explicas algo a alguien, se crea una complicidad entre vosotros que no solo favorece la relación comercial, sino que genera una sensación de buen rollo que hace que el cliente te perciba cómo alguien que esta de su parte, cuya misión es siempre ayudarle.

Ahora imagínate cuando le hable a sus amigos sobre tu negocio, que enorme diferencia entre compararte con la oficina de Hacienda o la tienda de tu abuelo, de la que siempre salías con varios caramelos en el bolsillo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s