Hoy he ido a comprarme unas buenas zapatillas para correr. Y digo buenas porque cuando hace un par de años empecé en esto del running, me puse las primeras zapatillas que tenían buena pinta de mi armario. De ahí pasé a comprarme unas de marca que estaban muy bien de precio en un outlet. Al poco vi una superoferta en internet de un modelo que desconocía pero como la marca era muy buena las compré.
Poco a poco fui haciendo carreras cada vez más largas y empecé a tener molestias, y cuando preguntas a algún compañero más entendido que tu te dice, todo sorprendido, ¿pero tu usas pronadoras? ¿son las adecuadas para tu peso? ¿con esas quieres correr por asfalto?…
Con la cara que se te queda de bobo, entonces empiezas a profundizar en el tema y te das cuenta que esas gangas que has comprado en algún gran almacén y por internet a una tienda Outlet de Murcia no son las adecuadas para ti, y que por decirlo de alguna manera suave, has tirado el dinero.
A partir de ahí, empecé a visitar webs especializadas, a preguntar a otros runners, y como todo, para gustos colores. Después de investigar y mirar mucho aprendí que estaba usando un numero menos del que me correspondía por mi tamaño de pie. Y entre todos los modelos de zapatillas del mercado (hay que ponerse en serio a mirar para darte cuenta de la inmensa barbaridad que hay), pude filtrar 2 o 3 que serian los adecuados para mi. Es decir, para mi peso, mi forma de correr y por el terreno que suelo hacerlo. El problema es que para esos modelos no hay o suele haber gangas. El mas barato me costaba 160€, que si funciona bien no es dinero, pero después de tirar tantas zapatillas ya estaba escaldado.
Una publicación en el Facebook condicionó mi compra. Una tienda de deportes especializada en running aparecia en una foto anunciando su servicio de reparación de zapatillas con suelas rotas o partes descosidas. Como tengo un modelo muy comodo con el que no he tenido ningún problema y me sientan como un guante, las cogí y me propuse ir en cuanto pudiera a dicha tienda.
En cuanto he entrado y el vendedor se ha dirigido a mi, la primera impresión ha sido de que el señor sabia de que estaba hablando. Sin querer convencerme, como el que se sabe en una posición más elevada y no le merece la pena entrar en discusión. El primer punto que nos vale para extraer una enseñanza para nuestras posteriores ventas es que en todo momento ha estado escuchando y preguntándome por mis necesidades.
Una vez se ha formado una imagen clara de mi situación (quiero repararlas porque las que busco yo son muy caras y de momento no quiero gastarme tanto dinero y que las quiero para terreno montañoso con piedras sueltas) ha soltado la demoledora frase “yo te aconsejo…”, seguida de su charla técnica basada en su propia experiencia -fundamental- y conocimientos del sector en el que trabaja. A continuación me ha presentado 4 modelos siguiendo el típico esquema de menos a más para que elija entre los dos del medio. Otra lección magistral: la elección es MÍA, no suya. Soy YO el que no puedo dejar pasar esa oportunidad de hacerme con una zapatilla perfecta para mis condiciones a un precio ventajoso. Y claro, las he comprado.
De las muchas lecciones que he aprendido me quedo con la que supone para el pequeño comercio la venta ACONSEJADA, donde la profesionalidad, conocimientos y buen hacer del vendedor es FUNDAMENTAL para elegirlo frente a gigantes del comercio electrónico o cadenas especializadas con precios imbatibles. Y lo mejor de todo: pienso recomendarlo a mis amigos runners.

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